
¿Quien estableció los cánones de la belleza?, Humberto Eco en su libro Historia sobre
Los primeros segundos de esta película, resultan para muchos, abrumadores, el cuerpo de pie y desnudo de un hombre de aproximadamente 50 años reflejando todo el paso del tiempo sobre su cuerpo, contrasta con el de Ana, con sutil belleza dentro de los parámetros establecidos, su piel blanca y 25 años, nos mandan un impacto visual que no estamos acostumbrados a ver, una toma casi eufórica de sexo oral desplaza de inmediato la idea de cuerpos bellos y marca la pauta para lo que esta por suceder.
La historia llena de composiciones exactas y bellas tomas refleja la monotonía en la vida de Marcos, quien lleno de temor por el secuestro y muerte accidental de un bebe, siente la necesidad de confesarle su crimen a Ana, quien le aconseja entregarse a las autoridades… La construcción del personaje es impecable, tan real que podría ser sin duda cualquier habitante del Distrito Federal o de alguna otra ciudad. Destaca el manejo profundo de sentimientos y situaciones adversas que van orillando a Marcos a terminar su vida en la basílica. Un personaje entrañable pese a no ser el personaje común, con una familia disfuncional y una esposa que sobrevive entre el vació de las 4 paredes de su casa, Marcos se enamora de Ana quien por compasión le da lo único que puede ofrecerle, sexo.
Ana, un personaje rodeado de un halo de cierto misterio, -nunca la conoces pero sabes quien es-, fulgura entre el devenir de las situaciones siendo presa de si misma y de su entorno y que al parecer lo único que la libera es el prostituirse en una casa de citas, se sumerge en un continuo descontrol que Marcos observa y deja que se desvanezca frente a él.
Una película con un final emotivo y que sin duda refleja los sentimientos más profundos y orcos del ser humano, que a su vez tiene una dirección impecable, insita al redescubrimiento del cine y de directores como Carlos Reygadas. Tú tienes la última palabra, así que te invito a verla y que me platiques que te pareció.
Un saludo. Rodrigo Lacravate.

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